sábado, 2 de octubre de 2010

Et c'est fini...

AVISO: Dado que este blog contiene una novela terminada, la primera entrada que veréis será el último capítulo. Así pues, si llegas nuevo y no te quieres comer ningún spoiler, no te recomiendo ni que leas esta entrada, ya que son comentarios para los que ya han leído Conversaciones de ascensor entero. El principio de la novela está aquí.

Muchas gracias por leerme.






Hace un año y poco menos de un mes que empecé esta historia. Cuando me decidí a empezarla, ya había escrito casi el final. Si alguno llegó aquí desde Palabras de Soledad, o desde El Hilo Azul, ya le sonaría la entrada XLVI, verdad? ;)

Sabía desde el principio que Miriam no llegaría nunca a besar a Dani. Porque, aunque esto parecía una historia de amor, en realidad era una historia de crecer. De enamorarse,sí, pero también de perder la identidad y el norte, de conocer personas extraordinarias, como Ana, historias extraordinarias, como la de Sofía, y de entregarlo todo en una amistad. Y al final, yo no pretendía que Miriam fuese feliz. Pretendía que fuese persona.


Pero, en el principio de los tiempos, este ascensor nació porque Dani, mi Dani, necesitaba una historia. Dani, que alguna lo sabe por ahí, es mi personaje fetiche. Y salga donde salga, con el nombre o la edad que le ponga, no importa si es músico, escritor, pintor o yonki, siempre es mi personaje favorito. Mi Dani. Y ahora estoy contentísima, porque por fin le he dado un papel protagonista y he hecho honor a su nombre ^^

En fin, que... Esto se ha acabado. Y todavía estoy procesando que he escrito la última palabra, que ya nunca volveré a usar a Miriam, Ro, Ana... O incluso a Dani. En Mallorca también hay ascensores, está claro, así que a lo mejor escribo una segunda parte. En algún momento, si tengo algo más que contar. Pero de momento, esto ha sido todo.


Gracias a todos por haber aguantado hasta aquí, que sé que ha sido largo y que habréis tenido ganas de matarme cuando les hacía alguna faena, o esos meses que no tenía ni fuerzas para actualizar... Gracias a todos los que alguna vez me han dicho "Sigue, sigue!!!", a los que han dejado comentarios, a los 32 seguidores oficiales, a los que no se han unido pero leen igual... Y no voy a nombrar a nadie más, que se de por aludido quien quiera =)

Se me dan fatal las despedidas, se nota, no? xD

En fin... que si alguno quiere, estad atentos a Palabras de Soledad, porque aunque esta historia termine, yo no voy a dejar de escribir y ahora toca poner mono al ascensor para presentarlo a concursos y editoriales, pero sacaré más historias. Lo prometo ^^

Besos de hielo!

jueves, 30 de septiembre de 2010

L


29.09.2010

Trrrrrrrr.

-Ro, ¿bajas ya?

-Sí, sí, ya voy... Estoy intentando cerrar la maleta, tardo cinco minutos. Creo...

Suspira y se aleja del telefonillo. Enfrente del portal, su padre resopla, intentando encajar los bultos en el maletero del C5.

De pronto, se abre bruscamente la puerta del portal.

- ¡Miriam! Menos mal que te pillo. He subido a tu casa y no estabas, creí... creí que ya te habías ido.

-Pues... no, aquí sigo. Pero ya me estaba yendo -señala a su padre.

Se miran. Silencio. Él respira hondo.

-No me odies por esto, ¿vale?

-No podría -le sonríe suavemente.

-No te vayas.

- ¿Qué?

La coge por los hombros y ella nota el temblor de sus manos.

-No te vayas -repite, intentando que su cuerpo hable por él.

- ¿Por qué no? -se enfada ella. ¿Ahora? ¿Precisamente ahora le tiene que decir esto?- ¿Qué hay aquí que sea mejor que Mallorca?

-Yo.

- ¡¿Qué?!

-Quédate, Miriam, por favor.

- ¿Estás loco?

-Sí. Pero eso ya lo sabías.

-Tengo que coger un avión en tres horas. Y ya tengo un piso alquilado allí. Y la universidad. No... No puedo. No puedo.

-Por favor...

Mirándole, con sus ojos verdes fijos en ella, suplicando, Miriam descubre que le da igual. Que puede perder el avión, el piso, la matrícula, incluso a Rocío. Que nada de eso significa tanto como él.

Pero que él no significa tanto como ella misma. Que si no tiene miedo a volar es porque ya no le necesita y que, si no se marcha, se perderá otra vez. Y no puede hacerse eso.

Niega con la cabeza, deseando poder llorar, o hablar, o hacerle comprender. Y cuando él se inclina, sabe que va a besarla, y todo su cuerpo grita, deseándolo. Pero da un paso atrás.

-No me hagas esto, Dani. Ahora no.

- ¡Miriam! -la llama su padre desde el asiento del conductor- ¡Por aquí ya estamos!

Le mira una última vez. Él hace amago de decir algo y ella se da la vuelta. Incapaz de resistir nada más, corre hacia el coche y salta dentro.

-Papá, ¿los padres de Rocío pueden llevarla?

-Sí, claro.

-Pues vámonos ya.

Y con un rugido, el coche arranca, dejando un mundo de posibilidades plantado delante del portal.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

XLIX


26.09.2010

Tintintin.

Séptimo piso. Tan temido, tan esperado. Respira hondo. Venga. Puede hacerlo.

-Hola... ¿Qué tal?

-Aquí...

¿Aquí? ¡¿Aquí?! ¿Qué clase de respuesta es esa? Reprime las ganas de darse una colleja a sí misma.

- ¿Ya has empezado la universidad, no? ¿Dónde ibas, al final?

-Eh... No, no he empezado. Me voy a enganchar un poquillo tarde, al parecer... Como no va a ser difícil ni nada...

-Mujer, no es para tanto. Al principio te sientes una enana y no conoces a nadie, pero como vais todos igual, acabas por hacerte amigo de cualquiera.

-Ya... Sí, eso espero.

Tintintin.

Él abre la puerta y la sujeta, esperando a que pase. Pero ella se enfrenta a los nervios que atenazan su garganta, y le mira a los ojos.

- ¿Sabes por qué nunca he viajado muy lejos?

-No... ¿Por qué? -se extraña él del giro de la conversación.

-Porque me dan miedo los aviones. Me da miedo despegar, que mis pies no toquen el suelo. Perder el control. Ir tan rápido. Pero, ¿sabes? He perdido el miedo a volar.

-Ah, pues me alegro... ¿Y eso por qué?

-Porque no tengo nada que perder.

-No creo que sea cierto.

-Pues yo creo que es mejor. Cuando sólo puedes ganar, te da igual el riesgo que tenga.

Se miran a los ojos. Ella tiembla, él no sabe por dónde va.

-Me voy el 29 a Mallorca, con Rocío. En avión, claro.

-Creía que... La madre de Rocío me dijo que se iba a vivir fuera... ¿Qué...? ¿Ya no se va? ¿O se va después?

Ella sólo inclina la cabeza y sonríe de medio lado, esperando que él comprenda.

-Oh.

-Sí. Voy... Voy a una fiesta sorpresa que me han hecho para despedirme. No se les dan bien los secretos.

Él asiente, sin decir nada. Ella se encoge de hombros y se aleja, caminando deprisa, esperando escuchar unos pasos, sentir una mano en el hombro, una voz diciendo su nombre, un huracán en la boca.

Pero sólo se escucha una sirena a lo lejos, y cuando dobla la esquina sabe que nadie va a seguirla.

domingo, 26 de septiembre de 2010

XLVIII


20.09.2010

Tintintin.

Cuarto piso.

Ana entra mirando a su espalda, inquieta.

- ¿Pasa algo, Ana?

-Tenía que salir... El sol se va a marchar, ¿sabes? Se acerca el otoño y ya quiere descansar... Pero tenía que decirle adiós antes de que se vaya, porque no volverá hasta la primavera, y sólo quedará su reflejo... Y mamá no quiere, pero tenía que salir.

-Ya veo... Dile adiós de mi parte, ¿vale?

-Deberías decírselo tú.

-Creo que a mí el sol no me escucharía...

-Yo no hablaba del sol.

Parpadea, confusa. ¿Cómo demonios lo ha sabido?

Tintintin.

Antes de poder preguntárselo, sale escopetada hacia la puerta pero, antes de salir, se vuelve y le sonríe.

-Oye, Miriam... Llámame, te quiero escuchar.

- ¿Quién te lo ha dicho?

Se encoge de hombros y ladea la cabeza.

-El sol.

-No me mientas.

-Sabes bien cómo soy, que no suelo mentir... Siempre que lo hice fue por verte sonreir.

Y ella sonríe.

-Gracias, Ana.

Ella asiente y, sin más, echa a correr por la acera. A despedir al sol.

martes, 21 de septiembre de 2010

XLVII


12.09.2010

Ding Dong...

- ¡¿Dónde cojones estabas?!

-Ay, Ro, hola, qué tal, cómo ha ido el Camino -sonríe, irónica-... ¿ha sido duro, tienes agujetas? ¿Es tan mágico como dicen? Cuánto me alegro de verte...

-Vete a la mierda -espeta Miriam. No tiene ganas de recibirla, tiene ganas de matarla-. Has estado fuera más de un mes. ¿Qué pasa contigo, que no sabes llamar? ¿Una postal? ¿Señales de humo?

-No te enfades.

-Vete a la mierda.

-No es que no quisiese recordarte que estoy viva... Pensé en ti todos los días. Me levantaba y decía, "¿Se acordará de la loca de los discos?"... Pero no podía llamar, ni comunicarme con nadie de aquí.

-¿Y por qué, si se puede saber?

-Porque quería aprovechar el Camino para descubrir quién soy. Para saber qué soy sin amigos, sin padres, sin esta ciudad...

- ¿Y bien? ¿Lo has conseguido?

-Sí.

Silencio. Miradas. Ojos empañados y una sonrisa tímida. Se lanza a sus brazos, aprieta con fuerza y no importa nada más.

Pero cuando la mira a los ojos, ve algo más detrás. Algo que antes no estaba.

- ¿Qué te pasa?

-No he venido a quedarme. Me voy en unos días a Mallorca. He venido a recoger mis cosas y a arreglar papeles en la universidad y eso... Y me voy.

- ¿Cómo que te vas?

-Pues que me voy. Que yo aquí no soy yo, y no voy a llegar a ser nada si no me piro. Tengo que cambiar de aires.

Miriam parpadea, confusa. ¿Qué ha vivido Rocío en el Camino que tanto la ha cambiado?

-Y deberías venirte conmigo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

XLVI

N.A: Llevo unos diez días de desfase con el Ascensor, lo siento muchísimo!! Por eso, fiaros de la fecha que pone al principio, y no del día en el que ha sido publicado ^^



09.09.2010

–Hola.

–Hola.

Silencio.

– ¿Qué calor, eh?

–Ya ves…

Un mes. Treinta días. Setecientas veinte horas. Cuarenta y tres mil doscientos minutos. Una eternidad. Nunca se le habían hecho tan largas las vacaciones.

Ahora ha vuelto. Y sigue tan callado… Aunque quién es ella para hablar de silencio, piensa.
Cinco, seis, siete pisos… El suyo. Él sonríe y recoge la pequeña maleta del suelo del ascensor.

–Te he echado de menos…

Sale sin despedirse. Pumpum. Pumpum. Su corazón ha enloquecido.

Le echaría la culpa al calor, pero demasiado bien sabe que los treinta y cuatro grados de fuera no tienen la culpa de que haya contado incluso los minutos que ha tardado volver. Que el sol abrasador no es el causante de esa maldita añoranza que la ha corroído cada noche de este verano interminable.

Mientras las puertas del ascensor se abren en su piso, piensa que algún día debería darse una vuelta por el séptimo. “Yo también te he echado de menos”, para empezar. Una sonrisa, y a lo mejor esas dos palabras que se muere por decirle. No necesitaría más.

Pero no va a hacerlo. Se conoce.

Suspira. Fin del verano. Volver a empezar... Otra vez.

lunes, 9 de agosto de 2010

XLV



Se monta en el ascensor sin esperanza de verle. Hace días que los viajes arriba y abajo del edificio resultan muy aburridos. Debe estar todo el mundo de vacaciones.

Tintintin.

Quinto piso.

A lo mejor no todo el mundo está fuera...

-Ana, tranquilízate, hija, por favor.

-Déjame, mamá.

-Ay... Hola, nena -sonríe a Miriam, viéndola por primera vez - ¿Qué tal?

-Bien, aquí... ¿Bajáis?

-Sí.

-No. Baja tú, nena, nosotras vamos a quedarnos en casa.

- ¡No me quedo! ¡No me da la gana! He sido un perro viejo, peregrina, amada, amante, un ángel, un demonio... Lo he sido todo, mamá. He muerto cada día de mi vida, y he resucitado. ¿Cuánto más necesito para ser Dios? ¿Cuánto más necesito convencer?

-Ana, por favor... -el cansancio se le escapa en una lágrima ante el ataque de su hija- ¿De qué canción has sacado eso?

- ¡De ninguna! Yo soy música. No necesito sacarlo de ninguna parte.

-Ana. Se acabó.

La coge del brazo, con fuerza, aunque sin brusquedad, y la arranca de la puerta del ascensor.

Y Miriam baja sola a la calle, vacía de acordes y llena de preguntas.

sábado, 31 de julio de 2010

XLIV: Resumen del mes

01/07/2010
DingDong.
[...]
-Tía, que me voy.
- ¿A dónde?
-De campamento. Quince días, en Valencia.
-Pásatelo muy bien. Te voy a echar de menos.
Se abrazan con fuerza, y ella cierra los ojos para no ver su ausencia.

04/07/2010
Tintintin.
Séptimo piso.
-Hace mucho que no veo a tu amiga la simpática... ¿Dónde se ha metido?
-Está en Valencia. Y es muy simpática. Lo que pasa es que no le caes bien.
- ¿Por qué? ¿Qué le he hecho?
-Todo lo que me has hecho a mí.

08/07/2010
-Hola, Ana. ¿Qué tal?
-Bueno...Puede que me deje llevar, puede que levante la voz y puede que me arranque sin más.
-A ver qué te dice después.
[...]
-Me gustó tu amiga, la del cuarto. Es... Es como yo. Es música, también.

09/07/2010
-Hija, ¿hoy no sales?
-No, papá, ya te he dicho que están todas mis amigas fuera.
-Y este vecino... Sí, mujer, este que te cae tan bien...
-Dani.
-Ése. ¿No sales con ése?
-No. Ni salgo, ni voy a salir, ¿vale? Pues eso.

13/07/2010
Tintintin.
Séptimo piso.
-Cómo no... Si es martes 13, debería haberlo pensado y haber bajado por las escaleras.
- ¿Qué pasa, que doy mala suerte? ¿Soy un gato negro?
-Eres mi mala suerte. Personal e intransferible.

15/07/2010
DingDong.
Abre la puerta y se encuentra a una indígena. Más morena que nunca, con más roña que en su vida, una mochila más grande que ella a la espalda y una sonrisa iluminando su cara.
Y, sin decir nada, la abraza. Mochila incluida.
[...]
-Pasa. Te tengo que contar.

17/07/2010
-Cariño... Me ha contado tu padre lo que pasó el otro día.
- ¿Qué pasó el otro día?
- ¿Te pasa algo con Daniel?
- ¡¿Qué?! Mamá, ¿a qué te refieres? Es un vecino. Ya está.
-O sea que... No estás enamorada de él.
-No.

19/07/2010
Tintintin.
Séptimo piso.
[...]
-Mi madre me ha preguntado si estoy enamorada de ti.
- ¿Y qué le has dicho?
Silencio.
-Que no.
Silencio.
-Claro.

23/07/2010
-Me voy a ir.
- ¿Otra vez? ¿Adónde?
-No sé. Donde sea. En casa es todo una mierda, y no me puedo seguir refugiando en tu casa.
-Claro que puedes.
-No, no es porque tú no me dejes, que en algún momento te hartarás, por otra parte... Pero tengo que empezar a vivir mi vida.

25/07/2010
DingDong.
-¿Dónde vas con esas pintas? ¿De campamento, otra vez?
-Al Camino de Santiago. Hoy es Santiago, la mayoría de peregrinos quieren llegar hoy a Compostela. Ya sabes que yo voy a contracorriente. Ellos llegan, yo salgo.
-Pero... ¿Por qué ahora, de repente?
-No pienso pasar más de una semana en casa este verano. Así se acostumbrarán, para cuando me marche en septiembre.
-Me estabas preparando. Hace dos días, me estabas preparando. Capulla.

28/07/2010
Tintintin.
Séptimo piso.
[...]
- ¿Alguna vez has mentido a tu madre?
-Sólo una.
- ¿Por qué?
-Para mentirme a mí misma también. Para decir la mentira en voz alta y que se hiciese realidad.








(N.A: Os dije que iba a ser un mes movidito :P)

jueves, 1 de julio de 2010

Cerrado por vacaciones

Bien, señores, me secuestran veinticinco días sin Internet. Los aprovecharé para escribir, pensar en el ascensor y echaros de menos. No penséis que la trama no avanzará porque yo no escriba, eh? Este mes el ascensor estará movidito, aunque vosotros no lo veáis.

Os recomiendo que en unos días busquéis el vídeo sobre cómo acabar de una vez por todas con las conversaciones vacías sobre el tiempo, de Berto Romero (BFN). Os reiréis un rato. Y seguro que descubrís formas mejores de combatir esas conversaciones, verdad? ;)

Muchos besos, ascensoristas. Y gracias por estar ahí ^^

¡Volveré pronto! Mwajajajaja!

martes, 29 de junio de 2010

XLIII

Entra en el ascensor, y lamenta no saber rezar. Va a necesitar más dioses a su favor si quiere entrar en casa hoy.

-Suerte, chicas.

-Yo ya tengo, gracias.

-No seas borde, Ro. Gracias, Dani, yo la voy a necesitar...

Suben. Se miran. Qué cagada.

-Oye... Yo no estuve despierta toda la noche... Y cuando me desperté estabas ahí, en el sofá, pero...

- ¿Eres tonta?

-No. Tengo que preguntar.

Tintintin.

Salen del ascensor. La mira de reojo.

-Pues no, no pasó nada. ¿Qué pretendías, que me metiese en su cama desnuda?

- ¿¡Miriam!?

- ¡Papá!

- ¿Dónde dormiste anoche? ¿Por qué subes a estas horas?

-No es lo que parece, papá.

-Venga, guapa, americanadas luego. ¿Dónde has dormido?

-En casa de Ro.

- ¿Y por qué viene ahora contigo? ¿Dónde habéis dormido, Miriam?

Se miran. ¿Cómo salvan esto?

-Vengo a hacer de testigo, Tomás. Que sabía que no la ibas a creer si llegaba sola de empalmada.

-Ya... Entra en casa, jovencita. Tenemos que hablar.

- ¿Puede venir Rocío?

-No.

-Vale, da igual, me bajo a casa, luego hablamos.

La mira, desconcertada. ¿A qué casa va a bajar? ¿Dará su brazo a torcer por una vez en la vida y pedirá perdón a sus padres? Ella le guiña un ojo y levanta siete dedos. Claro. Qué morro tiene cuando quiere. Le da la espalda y, con un suspiro, se dirige al matadero.

Debería aprender a rezar.

domingo, 27 de junio de 2010

XLII


Entra en el ascensor y se pone la cazadora, tapando la camiseta de tirantes, y se quita los zapatos, para no hacer ruido arriba.

Tintintin.

Pelo despeinado, pijama bajo la enorme sudadera, ojos hinchados, lágrimas en las mejillas y cara de frustración. Un sollozo atravesado en la garganta.

- ¡Miriam! Miriam, tía, acógeme. Mis padres me han vuelto a echar.

-Claro, como quieras... A lo mejor acabamos las dos en la calle. Se suponía que volvía para cenar.

-Te estás despendolando, ¿eh?... En fin, en la calle, pero juntas.

-Siempre.

Y siguen subiendo, rezando a la suerte.

Tintintin.

-Qué bien, reunión de madrugada, todos juntitos... Qué suerte tenemos, Miriam.

-Eh... ¿Subís o bajáis?

-Voy en pijama, listo, ¿tú qué crees?

-Vale, perdón... Yo iba a sacar la basura, pero casi que me quedo a ver el desenlace.

- ¿Qué desenlace?

-Si tu padre os echa por volver a estas horas, Miriam... A mí me sobra una habitación.

-Vale, venga, guapo, hasta luego.

Le cierra la puerta en las narices.

Tintintin.

Saca las llaves frente a la puerta. Susurra una oración. Se muerde el labio. La mira con súplica en los ojos.

-Venga ya... No. No voy a dormir en su casa. No. No. No. Me niego. Inténtalo por lo menos, Miriam, tía, por favor...

Y lo intenta. Todo sea por una amiga. Pero la llave no entra.

-Han dejado puesta la llave. Hoy no entro en esta casa, y tú tampoco.

-Mierda.

lunes, 21 de junio de 2010

XLI


Entra en el portal todavía mirando el mensaje, como si no se lo creyese. Como si, por apartar un segundo la vista de la pantalla, pudiese desvanecerse. Pero deja de mirar al oír una voz.

- ¡Eh! ¡Despierta! -ríe, y la invita a entrar en el ascensor con un gesto- ¿Subes?

Asiente, y mientras entra en el ascensor se ilumina con una sonrisa espontánea, que salta desnuda a su rostro y juega con sus labios. Y él lo nota, y no puede hacer menos que preguntar.

- ¿Qué tienes ahí?

Le mira a los ojos, incapaz de hablar. Pero habla.

-Las notas de Selectividad, me las acaba de mandar una amiga...

Silencio.

-Bueno, ¿y? ¿Qué tal?

Silencio.

- ¡¡HE APROBADO!! ¡He aprobado, he aprobado, he aprobado! ¡Me da la nota, he aprobado, Dios mío!

Y salta, aunque sabe que se descolgará el ascensor. Y no puede evitar echarle los brazos al cuello y apretar, y pegar sus cuerpos. Aunque sabe que dolerá después, ahora no importa. Porque tiene el futuro abierto delante de sus ojos. En la pequeña pantalla de su móvil.

Tintintin.

Él, riendo, la coge de la cintura, abre la puerta y sale dándole una vuelta en el aire, que ella no espera pero agradece. Las carcajadas de ambos rompen el silencio del descansillo, y el resonar les baja a la tierra.

-Esto... Bueno, pues felicidades, pre-universitaria.

Le da los dos besos de rigor y ella, ruborizada, se recoge el pelo detrás de las orejas.

-Sí, eh... Gracias. Je. Eh... Bueno, me subo y tal...

Y se sube en el ascensor, y grita una vez más, pero esta vez en silencio. Comienza el verano.

jueves, 17 de junio de 2010

XL


Entra en el portal con la última clase de inglés todavía fresca en los oídos. Es oficialmente libre de todas las obligaciones, grandes y pequeñas, del curso. Y ante ella se extienden dos meses de libertad. Para pasearse la ciudad. Para ahogarse de calor, o de lluvia. Para aprender a tocar la guitarra de Ro. O mejor la flauta...

Pero se le cae el mundo encima cuando ve quién sujeta la puerta del ascensor.

Y los siete pisos pesan como losas que caen, en silencio, sobre ambos.

Tintintin.

Él sale. Ella se pregunta si no piensa despedirse. Él suspira y, de espaldas, susurra:

-Vosotras, las familiares,
inevitables golosas;
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas....

Ella parpadea, confusa. Él baja la cabeza y, aunque no la ve, ella intuye la sombra de una sonrisa:

-A ti te gusta Machado, ¿verdad?

-Sí. ¿Por qué?

- ¿Sabes...? ¿Sabes cuando algo es fundamental en tu vida, pero no lo sabes? ¿Cuando estás tan acostumbrado a que esté ahí, que ni siquiera piensas que pueda no estar? -asiente- ¿Eso de no saber lo que tienes hasta que lo pierdes?... Machado lo sabía. Le dedicó una poesía a las moscas. Que no son nada para tanta gente, que son pequeñitas y no saben que están por todas partes. Que son importantes siempre, porque siempre están ahí, aunque los humanos, tan soberbios, no las vean.

-No sé qué quieres decir...

Sí lo sabe. Pero quiere que lo diga, y se deje de poesía.

-Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada...
Las cosas pequeñas que no saben que son importantes son las que más me gustan, ¿sabes?

Y cierra la puerta tras de sí, dejando que las palabras le corten la respiración y la llenen de dudas. Grandes y pequeñas. Pero todas importantes.

domingo, 13 de junio de 2010

XXXIX


Por fin, tras días de lluvias, ha salido el sol. Y tiene que salir a saludar al buen tiempo, aunque sea tímido y parezca un nuevo comienzo del verano. Porque cree firmemente en recuperar el tiempo perdido.

Tintintin.

Quinto piso. Hacía mucho que no paraba en el quinto.

Cuando ella monta y saluda con su voz suave, no puede evitar fijarse en lo que lleva en las manos. Un ramo de margaritas amarillas y una botella de cerveza sin abrir. La intuición comienza a zumbar en su nuca. ¿De qué le suena...?

Tintintin.

Cuarto piso.

Nada más entrar, Ro mira a Ana y abre mucho los ojos. Se miran. Ya lo han identificado.

-Calla. No digas nada.

Y ella se encoje de hombros y no habla. Miriam sonríe y le pregunta:

- ¿Vas a saludar al sol, Ana? Hace mucho que no salía...

-No, qué va. Aunque no venga, hablamos todos los días.

-Entonces, ¿dónde...?

Tintintin.

Ana sale. Miriam y Ro se quedan dentro del ascensor, sorprendidas. Alcanzan a escucharla mientras canta, camino a la calle.

-Sueña con su melena y viene el viento y se la lleva, y desde entonces su cabeza sólo quiere alzar el vuelo, y bebe rubia la cerveza pa' acordarse de su pelo...

-Qué fuerte -susurra Ro-. Es una canción andante.

Y en sus ojos se lee envidia por la locura. Porque la música que corre por las venas de ambas sí que se ve en la piel de Ana.

jueves, 10 de junio de 2010

XXXVIII


Ding Dong.

Abre la puerta, y el descansillo apesta a culpabilidad.

- ¿Qué has hecho?

- ¡Lo siento!

-Joder, Ro... ¿Qué has hecho ahora?

-Es que te he estado viendo todo este tiempo... Y le vi... Y, no sé, no debería haberle dicho nada, ¿vale? Ya lo sé. Pero...

-No me lo puedo creer. Te superas a ti misma.

- ¿Te has enfadado mucho?

Silencio. ¿Verdad o mentira? ¿Lo que se merece, o lo que siente?

Y como siempre, gana la sinceridad.

-No. Da igual. Mejor que lo sepa, ya que le he perdonado...

-Como una imbécil -completa ella. La conoce. Sabe qué palabras se le han enganchado a los dientes para no resonar en el silencio. Y se las tira a la cara.

-Sí. Pero qué más da, ni que tuviese derecho a reclamar nada...

- ¿Sabes que la del quinto be se mudó hace mes y medio? -Silencio. ¿Qué tiene que ver?- No te habías enterado. Te ha dado igual... A lo mejor sí que tenías derecho a reclamarle algo.

Se encoje de hombros. Planta indiferencia al dolor, al abandono, al desconcierto, a la rabia, a la misma indiferencia. Ro sonríe, de lado.

- ¿Sabes lo que te hace falta ahora? -y comienza a cantar- Salir, beber, el rollo de siempre...

-Pero si es jueves.

- ¡Pues jueves universitario, mujer! -pesca las llaves del gancho de al lado de la puerta, la atrapa por los hombros y la saca de casa- ¿No te gustaban mayores? Vale, vale, vale, perdón, chiste malo y cruel... Pero vámonos por ahí.

Y asiente. Desiste. ¿Qué va a hacer, si ya está en el ascensor?.

lunes, 7 de junio de 2010

XXXVII


Sale de casa con una pila de discos en la mano. Quiere enseñarle lo último que ha comprado a Miriam, a ver si se le quita esa cara de ajo que no consigue esconder desde que se fue el capullito de alelí.

Tintintin.

El ascensor no está tan vacío como ella pensaba. Viene del séptimo, cómo no. Parece que no hay otro piso en el maldito edificio.

-Hola -saluda él, sonriente, amable. Qué agradable es todo. Claro, él no sabe lo que dejó atrás hace un mes.

-Dani, ¿verdad? -asiente- Yo soy Rocío, encantada.

-Lo mismo digo... ¿Bajas?

-No, de hecho iba a ver a Miriam. Últimamente ha estado un poco desanimada, ¿sabes? -él parpadea, confuso. No la ha visto venir, como todo el mundo- Sí, es que se ha estado sintiendo un poco abandonada, no sé por qué... Voy a serte sincera. Ella y tú tenéis algo, algo raro, bastante bonito por lo que me ha contado. Y me ha contado bastante, qué quieres que te diga. No tiene derecho a reprocharte nada, o eso cree ella, pero a mí me parece que sí tiene derecho a, por lo menos, no hablarte en otro mes.

-No sé de qué me estás hablando...

-Mira, Dani, sé que no soy nadie para meterme en esta cosa extraña que hay entre vosotros dos. Pero he visto pocas maneras más eficaces de destrozar a alguien que lo que tú has hecho. Así que piénsatelo.

- ¿Pensar el qué?

-Ya sé que dicen que el amor no tiene edad, pero tú sí que la tienes. Puede que Miriam no se esté dando cuenta, pero tú y yo sabemos que estás jugando. Así que deja de marearla, decídete, y lánzate. O no, pero deja de hacer daño.

Y, sin dar lugar a réplica, cierra la puerta. No tiene derecho a ser paladín ni defensora de su amiga, pero lo ha hecho.

Y a lo hecho, pecho.

domingo, 6 de junio de 2010

XXXVI


Sale de casa. Escaleras. Ascensor. Escaleras. Mira la hora. Si todo sigue igual que antes, él debería salir ahora... Ascensor.

Tintintin.

Séptimo piso.

Un vuelco en el estómago, una sacudida del corazón, que intenta saltarse el momento en el que empieza a doler demasiado.

Y sus ojos verdes, su pelo negro, su camiseta de los Ramones. Como si no hubiese pasado el tiempo. Y una sonrisa tímida, que se asusta de hacer daño y de ser herida.

-Has vuelto.

-Sí.

-¿Para quedarte?

-Eso espero.

Silencio. Demasiadas cosas sin decir, que hacen que la distancia parezca insuperable.

- ¿Bajas?

-En realidad subía. Al noveno. Pero ya no hace falta.

Hace amago de cerrar la puerta. Duda. Vuelve a abrirla. Ella contiene el aliento y espera.

- ¿Dónde ibas?

-Al instituto. A ver las notas.

- ¿Te importa si...?

Ella sólo sonríe, y él se monta en el ascensor. Uno, dos, tres pisos de silencio. Ella suspira, porque sabe que, donde no hay palabras, hay miedo. Y se lanza.

-Ponme al día de lo que me he perdido.

jueves, 3 de junio de 2010

XXXV


Ding Dong.

-Ha vuelto.

- ¿Quién ha vuelto?

- ¿Quién va a ser? Tu chico.

- ¿Quién?

-Tu pive, tu maromo, tu churri, tu chaval, ese hombre que te mira y te desnuda... Tu principito, Miriam. El del séptimo.

-Dani.

-Ése. Y viene para quedarse, le he visto con la maleta. ¿Quieres que bajemos a saludar?

El suelo se mueve un poco bajo sus pies, y cree -o quiere creer- que siente las mismas ganas de verle, cosquilleando en la boca del estómago, en la punta de los dedos, en las comisuras de los labios. Pero ha pasado más de un mes sin príncipes ni villanos, sin hormigas en los dedos, sin oir guitarras por el patio, sin subir en ascensor. Pateándose las escaleras, siempre con una parada en el cuarto. Y luego directamente a casa, sin parar en el séptimo, a ver si alguien ha alquilado su piso. Porque nunca le ha ido el masoquismo.

-No, mejor no.

Se miran. Se entienden. Un mes de conversaciones y música da para mucho, ambas lo saben.

-Tengo un disco nuevo -se lo enseña. "Gorillaz". Como siempre, no lo ha ido nombrar en su vida.

-Pasa.

lunes, 26 de abril de 2010

XXXIV

Hoy ha salido antes del instituto, y cuando llega al portal el turno del portero todavía no ha acabado. Hay alguien hablando con él, y algo le hace detenerse a mirar quién es.

-No hace falta que enseñes el piso, ¿sabes? Sólo pon el cartel ahí fuera... Lo pondría en mi ventana, pero como es un séptimo...

Aunque no hubiese oído su voz, reconocería en cualquier parte ese pelo negro despeinado, la camisa de cuadros azules, los vaqueros desgastados...

- ¿Dani?

Se vuelve, la sorpresa saltando de sus ojos, disimulada detrás de una sonrisa.

- ¡Hola, Miriam!

- ¿Qué haces aquí?

-Pues ya le estaba diciendo a Pedro, que necesito que me cuelgue este cartel...

Se lo enseña. Como una bandera de malos presagios, ese simple pedazo de papel ondea demasiadas malas noticias para un portal tan pequeño.

- ¿Te vas? ¿Para siempre?

-No lo sé... Bueno, mi madre ya está un poco mejor, se apaña más o menos sola, pero aún así... Todavía no confía mucho en sí misma para vivir sola. Y tener la casa vacía es una tontería. Por lo menos que me paguen la hipoteca, ¿no?

-Claro que sí, hombre -interviene el portero, palmeando su hombro-. Trae pa'cá el cartel, que te lo pongo ahora mismo, a ver si hay suerte... Lo bueno es que este es un barrio mu bueno, mu solicitao, ya verás que enseguida...

El parloteo del hombre se pierde cuando se cierra la puerta de la calle. El silencio viaja entre ellos, a caballo de sus miradas fijas. Ella suspira. Él parpadea, como si despertase de un sueño.

-Bueno, me voy a tener que ir... Ya nos veremos.

Ella no contesta ni se mueve. Se vuelve cuando nota la brisa de la calle en la nuca, y le llama. Él la mira, sujetando la puerta, a medio salir.

-Oye... ¿Qué pasa, no ibas a despedirte?

Él baja la mirada, se rasca la nuca. Se encoge de hombros y suelta la puerta.

-Llego tarde.

-Ya...

viernes, 23 de abril de 2010

XXXIII


Ding Dong.

Abre con la ilusión pintada en las mejillas, pero tan pronto como llega se esfuma. Una chica rubia le tiende un CD envuelto y le sonríe.

-Perdona, pero... ¿Tú quién eres?

-Ro. Rocío. ¿Te acuerdas?

Y se acuerda. La colgada del ascensor. La mira con una ceja alzada, confusa y cabreada.

-Bueno... Venía a traerte esto. Sé que no te gusta Mika, pero escúchalo, seguro que...

- ¿Que me gusta? Oye, mira, no quiero sonar borde, pero...

-Pero suenas. Bueno, lo siento, no quería molestarte. Pero toma -le tiende de nuevo el CD-. Regalar música no tiene nada de malo, ¿sabes? Porque la música enseña a vivir y a disfrutar de los vagones de metro y los ascensores, y de las calles vacías de sentido y llenas de gente...

-Estás loca -le espeta, a la vez que coge el CD.

-Puede ser. Pero te regalo música para que te creas que estoy cuerda.

Y, con una risa, la chica se mete en el ascensor.

- ¡Ah! -exclama, con la puerta ya cerrada- ¡Ven a verme cuando lo oigas!